lunes, 28 de marzo de 2016

12a Marxa 24 hores del Cap de Creus (26-27 de marzo de 2016)

Este año hemos pasado una Semana Santa diferente. Aprovechando que el Sábado Santo era la Marxa del Cap de Creus, nos hemos ido los cuatro a pasar unos días por esa zona, que no conocíamos. Mirando hoteles aquí y allá, al final decidimos quedarnos en Port de la Selva, a 8 km de la salida de la prueba en Llançà. El viernes por la tarde la organización ha preparado un briefing, o resumen de la Marxa, donde nos dan muchas indicaciones y nos informan de todos los aspectos prácticos. La Casa de Cultura de Llançà está a tope de corredores y acompañantes y ya se empieza a respirar el ambiente del día siguiente. Se trata de una prueba larga y exigente ya que serán 87 km con 6.000 m de desnivel acumulado. El circuito recorre toda la región del Cap de Creus, una zona de una belleza paisajística impresionante. Los organizadores nos avisan de dónde estarán los controles, qué tipo de avituallamientos habrá, el material obligatorio y las precauciones que debemos tomar en distintas partes del recorrido. Para acabar nos ponen un vídeo que hizo un corredor en la edición del año anterior, que es muy emocionante. Nos despedimos todos con un gran aplauso y nos vamos a descansar para guardar fuerzas para el día siguiente.

El Port de la Selva
La salida es a las 8 de la mañana. Como los relojes se van a adelantar por el cambio de hora justo esa misma noche, nos encontramos con una salida casi a pleno sol. Por contra, nos va a anochecer mucho antes que en ediciones anteriores. Creo que hemos tenido mucha suerte, ya que el día es espléndido. Hace sol, la temperatura es perfecta y casi no hace viento. Las condiciones son excepcionales para una zona de fuertes vientos que, de hecho, se pronostican para la caída de la noche. En parte por ese motivo llevo bastante peso en la mochila, entre 1,5 l de agua, el frontal, el teléfono móvil con batería de recambio, el cortavientos y todo un conjunto de ropa de recambio. Además llevo una pequeña cámara y mis pastillas de sales. No llevo nada de comida, ya que confío en los avituallamientos. En total va a haber 14 puntos de control. La organización nos ha avisado de que comamos en los puntos donde haya comida, ya que habrá bastantes puntos de control donde sólo encontraremos agua y poco más.

Torre románica, Llançà
Lanzan un cohete y salimos desde la playa del Port de Llançà. Los primeros 27 km son circulares y recorren la zona norte del Cap de Creus, pasando por el Puig d'Esquer y bajando gradualmente la cresta hasta llegar de nuevo a Llançà. En esta zona hay unas bajadas técnicas bastante difíciles. La organización nos avisa de una en concreto al pie de la cual han situado una ambulancia en previsión de posibles accidentes. En mi breve experiencia en este tipo de pruebas aún no he aprendido a bajar, así que cuando me encuentro con estos tramos lo paso realmente mal. Es donde me adelantan muchísimos corredores, que bajan con sus bastones como cabras por el monte. Yo los miro maravillada. Yo no llevo bastones, ya que ni los tengo ni los sé usar. En la bajada de la ambulancia, voy tan concentrada en mirar dónde pongo los pies que de repente me encuentro un cercado. Han dejado una pequeña abertura para que podamos pasar y no se me ocurre nada más que ayudarme agarrándome a los dos soportes. Al instante me suelta una descarga eléctrica que por un momento me hace pensar que me voy para el otro barrio. Pero sobrevivo y sin saber si reir o llorar sigo para abajo con cuidado de no descalabrarme. Por fin llego a Llançà, donde nos han preparado unos macarrones con tomate y fruta. Intento comer los macarrones pero no puedo, así que me como varios trozos de naranja y de plátano, me bebo una Coca-Cola y salgo del avituallamiento a afrontar la segunda parte del recorrido.

Puig d'Esquer
Me avisan de que esta va a ser la parte más difícil. Desde Llançà subimos continuamente hasta llegar al Monasterio de Sant Pere de Rodes, ya en el kilómetro 37. Es un sitio precioso, y he quedado allí con Jordi y los niños, para que de paso que visitan el monasterio me animen en ese tramo. Les llamo por teléfono avisándoles de la hora aproximada a la que voy a llegar y les pido además que me lleven un paquete de galletas de chocolate... Fotos, abrazos y me despido de ellos hasta la llegada final. Desde ahí hay que subir a las ruinas del castillo de Sant Salvador. Al llegar arriba es obligatorio parar a admirar el paisaje y hacer unas cuantas fotos. Estamos en el punto más alto del recorrido y podemos ver por un lado, el Cap de Creus y, por el otro, la Bahía de Roses. Y seguidamente el peor tramo hasta el momento de toda la carrera: casi dos kilómetros de cresta que me parecen peligrosísimos, porque un mal paso con el pie derecho me lleva a Roses, y con el izquierdo, al Cap de Creus. Ahí tengo que apartarme cuando puedo para dejar adelantar a varios corredores que merecen toda mi admiración.

Sant Pere de Rodes
Cresta
Acabada la cresta, cruzamos la carretera que va de Roses a Cadaqués y, tras una subida por un cortafuegos, tomamos una pista pedregosa, pero impresionante, que baja durante 6 kilómetros hasta Cala Jóncols y, tras otra subida de desnivel considerable para salvar la siguiente montaña, de nuevo bajamos hasta Cadaqués, ya en el kilómetro 58. Ahí corro, y corro, y corro. Lo digo tres veces, porque lo disfruto. Veo que adelanto a casi todos los que me han pasado antes. Les saludo y me despido de ellos riéndome hasta la próxima zona técnica. Y es que es así, a ese ritmo nos vamos encontrando todo el tiempo.

Llegada a Cadaqués
Voy mirando la situación del sol, ya que empieza a preocuparme la caída de la noche. Llego a Cadaqués hacia las 6 de la tarde, después de 10 horas de carrera. La entrada en Cadaqués es bastante épica, ya que pasamos de repente de estar completamente solos rodeados de naturaleza a correr esquivando coches y personas por estrechas calles llenas de turistas en plena Semana Santa. Muchos nos animan desde las terrazas. Ahí cuesta ver las marcas del recorrido. Nos han avisado de que hay que girar a la izquierda justo después de la estatua de Dalí pero hay tanta gente que yo no veo ni la estatua, así que paso de largo. Pero las personas que están en las terrazas tomando algo me ven y me gritan, indicándome por dónde tengo que ir. Más arriba, en el pabellón deportivo, nos dan arroz. Pero de nuevo no me entra, así que salgo de ahí sin comer. Desde Cadaqués y Port Lligat, tomamos el Camino de Ronda en dirección al faro del Cap de Creus, a 7 kilómetros de distancia. Ya no hay grandes desniveles, pero el camino es de un sube-y-baja constante. El sol se esconde por detrás de las montañas y va oscureciendo rápidamente. Durante toda la prueba hemos estado siguiendo unas marcas de pintura de color verde y rojo, que en esta zona ya no veo tan bien. Y cuando llego al Faro ya es de noche.

La marcas del recorrido
 En el briefing nos insistieron en que la zona del Cap de Creus, sobre todo si se hacía de noche, era la más complicada del recorrido, no por los tramos técnicos sino por la oscuridad, que hizo que en la edición anterior fuera donde más rescates tuvieron que realizar. Nos aconsejan que no salgamos de allí solos sino que esperemos a un grupo. Yo veo a un chico que ha llegado casi al mismo tiempo que yo al faro y le pido si puedo hacer el último tramo con él. Sólo quedan 21 kilómetros, así que creo que estaré dentro de mi previsión de tiempo de llegar alrededor de las 11 de la noche a Llançà. Pero desafortunadamente no va a ser así. Me pongo el frontal y el cortavientos y salimos los dos del faro. Es la primera vez que corro con frontal, también he ido a escoger el momento más fácil para estrenarme...

Cerca del faro del Cap de Creus
Y enseguida aparecen las primeras dificultades: no vemos las marcas. Es completamente de noche, no hay ninguna luz ni referencia en el entorno, y como la luz del frontal es muy direccional, sólo vemos allí donde apuntamos. No hay más remedio que hacer este tramo caminando, lo que nos enlentece una barbaridad. Las marcas son de pintura, y por la noche no las vemos a menos que las apuntemos con el frontal. Nos perdemos tres veces. El silencio es impresionante, no se oye absolutamente nada. El cielo estrellado es verdaderamente maravilloso. Pero nosotros estamos muy concentrados y no podemos disfrutar verdaderamente del entorno. Cada kilómetro se hace eterno, es por culpa de la oscuridad. Pero nosotros vamos hablando y haciendo unas risas con lo que estamos pasando. Hay un control en el kilómetro 76, y estamos esperando encontrarlo. De repente vemos a un chico de la DYA con una ambulancia y le preguntamos cuánto queda: nos dice que algo más de 1 kilómetro. Qué bien, pensamos, ya está. Pero pasa el kilómetro y seguimos sin ver nada. Ahí nos cruzamos con dos corredores y les volvemos a preguntar y nos dicen que falta un kilómetro. Bueno, hacemos ese kilómetro y de nuevo nada. Y por tercera vez nos encontramos con otro corredor que de nuevo nos dice que falta un kilómetro. Ya no podemos más y nos ponemos a reir, no sé si de desesperación. A una de estas pasa bastante rato sin ver una marca y nos paramos pensando en que nos hemos perdido. Y de repente veo en el suelo una pequeña línea blanca que apunta hacia unos cactus. Le digo a Jesús, mi acompañante, que debe de ser por ahí, pero no nos lo podemos creer. Pero sí, pasamos por ahí y encontramos una nueva marca. Muchas más risas. Y por fin después de casi tres horas llegamos a Port de la Selva, desde donde sólo faltarán 8 kilómetros, ya por el Camino de Ronda, hasta la llegada en Llançà.

Mi aspecto después de 87 kilómetros
Muchas anécdotas también en este último tramo. No vemos las marcas, pero él recuerda que hay que subir por unas escaleras y de repente vemos una pequeña luz en unos peldaños que parecen una indicación del recorrido. Pero no, esa pequeña luz se convierte en unos focos que se mueven y nos llevamos un susto de muerte: es un gato (más risas). Y por fin entramos en Llançà y pasamos bajo el arco de meta en 16 horas y media. En la posición 94 de las 180 personas que la han finalizado. Pero lejos, lejísimos de mi previsión. Bastante bien físicamente, pero tremendamente cansada psicológicamente. Hoy la cabeza ha tenido que hacer un gran esfuerzo, mucho más que las piernas, para estar centrada y calmar al cuerpo en todo momento, sobre todo en esta parte final. En la meta me espera mi familia y se dan cuenta enseguida de que no sonreímos. Y es que he llegado, he hecho la distancia y el desnivel más largos de mi vida hasta el momento, pero no tengo una sensación de triunfo. No sé por qué, creo que aún no he procesado todo lo que viví hace tan sólo dos días.

 Además de una de las experiencias que recordaré toda mi vida, me llevo 31 puntos para la Copa Catalana de Marxes de Resistencia. Con estos ya tengo 89 puntos y me faltan 190. Ya os contaré cuál será mi próxima prueba, ya que tengo un ligero dolor de rodilla que tengo que vigilar y de momento no me he inscrito a ninguna más.

Un saludo a todos los que me leéis y hasta pronto.


6 comentarios:

  1. No me acuerdo cómo llegué a tu blog, pero aquí me quedé. Me gusta leer tus crónicas e imaginar que corro contigo (pero menos). Un abrazo de otra madre corredora

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    1. Muchas gracias por seguir por aquí, Paula. Un abrazo.

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  2. Impresionante Arantza!!! impresionante!! muchas felicidades!! creo que cuando hacemos pruebas tan largas, procesar todo lo ocurrido tarda su tiempo, hasta que la mente y el cuerpo se recuperen!
    Por cierto, eso de la descarga eléctrica ufffffff aunque hubiese un hueco vamos que poco seguro no?!
    En la foto te ves estupenda después de 16h :)
    Las vistas desde Sant Pere de Rodes son preciosas!!
    Que descanses y recupera fuerzas para los puntos que hacen falta que cada vez son menos! :)
    A seguir así campeona!!
    bss
    Tania

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    1. Muchas gracias, Tania, tienes tanta energía que tus palabras siempre me llenan de ánimo. ¡Un fuerte abrazo!

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  3. Una més a la saca i a seguir augmentant el contador de punts. Està clar que cada marxa ens porta una aventura diferent, no saps mai com et trobaràs, com et respondrà el cos i tot el que t'espera pel camí.
    Enhorabona i a recuperar-se.

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    1. Gràcies, Francesc. És la meva primera experiència en tot això i justament pensava que d'una prova a una altra no hi ha res que s'hi assembli...

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